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jueves, 15 de septiembre de 2011

Cómo ahorran los pobres

por Rigoberto Puentes

Si una persona quiere acumular riqueza, independientemente de su status económico, no tiene sino dos opciones: o “gastar menos” o “ganar más”. ¡No hay soluciones milagrosas! Ahora bien, en la práctica esas alternativas se reducen a una: “reducir los gastos”, porque es la única que está bajo su control inmediato.

La alternativa de “ganar más” requiere de tiempo y esfuerzo adicionales. Sin embargo, el gastar menos, si se hace inteligentemente, poco a poco ayuda a ganar más, a través del rendimiento de los ahorros bien invertidos.

Fácil en teoría, pero no tanto en la práctica. ¿Cómo puede gastar menos una persona a la que el dinero no le alcanza ni para cubrir las necesidades del día a día?

¡Un argumento realmente difícil de rebatir!

Un artículo de Moisés Naim, uno de los más prestigiosos comentaristas sobre temas económicos en Iberoamérica, vino en mi ayuda. En el mismo, el autor comentaba la reciente publicación de un libro sobre el tema de la pobreza en el mundo, que lleva por título “Poor Economics”, de los autores Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, ambos profesores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y fundadores de la organización J-PAL, dedicada a buscar la reducción de la pobreza en el mundo a través de políticas basadas en evidencias científicas.

El libro es el resultado de un estudio realizado por su organización entre las comunidades más pobres de 18 países de los cinco continentes. Según comentaba Moisés en su artículo, el libro tenía la respuesta que yo estaba buscando: ¿cómo pueden ahorrar los pobres? Por supuesto, pedí el libro inmediatamente en Amazon.com, señala el analista financiero Rigoberto Puentes.

Los autores realizaron esta investigación sobre el sector que ellos llaman “los más pobres entre los pobres”, referido a personas que devengan menos de US$0.99 al día (127,71 bolívares al mes). Basados en sus investigaciones, los autores llegan a la conclusión de que la principal barrera para ahorrar está más relacionada con el aspecto psicológico que con el área financiera. De acuerdo con su información, la principal causa de la falta de ahorro no está en lo poco que ganan sino en la falta de auto-control para dedicar una parte de sus ingresos al ahorro. Por supuesto, esto no es nada nuevo; todos sabemos que la autodisciplina es un factor determinante a la hora de tratar de ahorrar. Lo que sí es nuevo es que el mismo concepto aplique a aquellas personas que se suponía que no ahorraban simplemente porque no les alcanzaba el dinero.

Los más pobres, al igual que las demás personas -dicen los autores-,también piensan en el futuro y saben que, a menos que se ganen la lotería para sentirse ricos de la noche a la mañana, no tienen otra alternativa más que el ahorro para acumular alguna riqueza para el futuro.

Las conclusiones, por supuesto, están basadas en casos investigados, como los que se mencionan a continuación:

* El caso del fertilizante: en una provincia rural de Kenia, la gran mayoría de los pequeños agricultores no usaba fertilizante debido a que no tenía dinero para comprarlo. Para solucionarles el problema, los investigadores les regalaron el fertilizante para la siguiente siembra.

El resultado de la cosecha, por supuesto, fue concluyente: el rendimiento aumentó en un 70%. Un resultado por demás evidente de los beneficios económicos del uso del fertilizante. Sin embargo, al continuar la investigación en la siguiente temporada, se dieron cuenta de que la mayoría de los agricultores que había obtenido tan significativo aumento en el rendimiento de la cosecha no estaba usando fertilizante.

Al preguntarles el por qué, la respuesta fue que no tenían dinero para comprarlo. ¿Qué habían hecho con el dinero recibido en la cosecha anterior? ¡Lo habían gastado, sin dejar para el abono! Algunos habían intentado comprarlo, pero al no estar disponible en la tienda el día que ellos tenían el dinero, la plata se había usado para otros fines.

Sin embargo, otros que sí habían tenido la suerte de encontrar el abono en el almacén cuando aún tenían el dinero, lo habían adquirido y lo habían guardado hasta la siguiente siembra. Los investigadores concluyeron que era una cuestión de oportunidad; era necesario tener el fertilizante disponible para cuando los parceleros tuvieran el dinero.

Así que implementaron un programa de bonos que les vendían a los agricultores tan pronto recogían la cosecha y antes de que se gastaran el dinero en otras cosas. De esta forma los agricultores ahorraban en bonos para comprar el fertilizante y no tenían la tentación de gastarlo en otras “emergencias”. La mayoría compraba los bonos inmediatamente vendían la cosecha, temiendo que si tenían la plata en su poder por mucho tiempo ésta podría esfumarse.

* Un ahorro costoso: Cuentan también los autores el caso de una mujer en India que, conociendo su falta de disciplina para ahorrar, había obtenido un préstamo de 10.000 rupias (US$621) en una entidad de microcrédito pagando el 24% anual, con el compromiso de pagarlo en cuotas semanales.

Inmediatamente recibió el préstamo colocó todo el dinero en una cuenta de ahorros que le generaba el 4% anual. Cuando se le preguntó por qué hacía ese negocio tan absurdo a los ojos de los investigadores, ella respondió que necesitaba reunir esa cantidad para los gastos de boda de su hija que se casaría dos años más tarde y era la única forma de tenerlos. Los investigadores entonces le preguntaron si no tenía más sentido aportar el dinero que iba a pagar semanalmente por el crédito, en una cuenta de ahorros.

La respuesta de la señora fue que eso era imposible, porque siempre se presentaban emergencias que no le permitían aportar todas las semanas o que podían obligarla a retirar el dinero ahorrado. Mientras conversaban con la señora se acercó otro grupo de mujeres, asombradas de la ignorancia de los investigadores: ¿acaso ellos no sabían que eso era una práctica normal entre la gente del lugar?

La conclusión es que la imposición de pagar el crédito les servía para obviar las emergencias y pagar disciplinadamente las cuotas, mientras que el aporte para ahorrar, al no ser obligatorio, no les imponía esa disciplina.

* Un ladrillo a la vez: En muchos lugares, principalmente en Marruecos, la forma más común de ahorrar es la de construir la vivienda poco a poco. De esta manera las familias, en la medida en que disponen del dinero, compran materiales antes de tener la tentación de gastarlo en otras cosas.

Un día pueden comprar unos ladrillos y cemento y construyen un cuarto; otro día compran el techo, o una puerta, o una ventana, y así, poco a poco, muchas veces durante varios años, van ahorrando y construyendo la vivienda para la familia.

Ésa es su forma de ahorrar. Por supuesto es un sistema de altísimo riesgo. Muchísimas viviendas se quedan sin terminar o son arrasadas por las lluvias. Pero, en esos sectores, la gente no tiene otra alternativa y algunos logran, al cabo del tiempo, tener una vivienda habitable.

* Los clubes de ahorro: Uno de los sistemas más creativos que han encontrado para ahorrar es la de los “clubes de ahorro”, los cuales se han desarrollado en India y en algunos países de África, como “Self-helpgroups” (Grupos de ayuda mutua o Asociaciones de rotación de ahorro y crédito).

Los asociados se reúnen periódicamente y aportan una suma a un pote común con el cual acumulan un monto suficiente para prestar, de forma rotativa, a los miembros que lo requieran.

La conclusión de los autores es que el optimismo y la esperanza de una vida mejor son unos fuertes incentivos para ayudar a la gente, aun a los más pobres, a ahorrar; pero, por otra parte, requieren de sistemas que les ayuden a autocontrolarse para poder hacerlo.

- ¿Qué gastos pueden recortar los más pobres?

Los investigadores encontraron que estas personas, cuando se decidían a ahorrar, lo hacían disminuyendo sus gastos en té, tabaco, alcohol, “snacks” y celebraciones.

Creo que las anteriores investigaciones son una respuesta a la pregunta del principio de este artículo: si una persona que gana US$0,99 al día de forma irregular puede ahorrar, con mayor razón debe poder hacerlo una persona que dispone de un ingreso fijo y un sistema estructurado (fondo de pensión y otros beneficios).

Pienso que es cuestión de vivir el presente de acuerdo con sus posibilidades y de mirar el futuro con optimismo y esperanza de una vida mejor.

Probablemente el factor que hace falta para las personas de salario mínimo es la ayuda para administrar eficientemente sus ingresos a través de programas idóneos de educación sobre economía y finanzas personales.


BANCA Y NEGOCIOS

martes, 23 de febrero de 2010

Uso eficiente de energía


Gabriela Iribarren


En medio de esta crisis energética, todos nos vemos obligados a tomar medidas para fomentar el ahorro de energía.


Es por ello que hoy más que nunca cobra vigencia la entrega que hicimos el pasado mes de septiembre, en la que se daban consejos sobre cómo fomentar el ahorro y el uso eficiente de la electricidad en el hogar.


Lo primero es hacer una especie de entrenamiento de las personas que conviven bajo el mismo techo, para que todos estén en la misma nota y entiendan la importancia de reducir el consumo eléctrico y de no malgastar la energía en el hogar.


La solar es gratiñán. La luz solar es totalmente gratis, así que aprovéchela lo más que pueda. Para eso, lo ideal es mantener las ventanas y cortinas abiertas durante el día para hacer uso de la luz natural en diversas actividades.


Pintar las paredes de color blanco o de tonos claros ayudará a ahorrar energía; aunque no parezca, el reflejo solar en las habitaciones permite un aprovechamiento mayor de la luz natural.


Iluminación artificial. Ilumine en forma adecuada los espacios de su hogar. Lo ideal es que en los espacios que se utilicen por más de tres horas diarias, coloque bombillos ahorradores o fluorescentes compactos, que reducen hasta en 25% el consumo total de electricidad. Estos focos necesitan entre 4 y 5 veces menos energía para dar la misma cantidad de luz que los incandescentes. Aunque son más costosos, duran 10 veces más que un bombillo tradicional.


Coloque luces o lámparas estratégicamente, es decir, que una misma luz pueda alumbrar incluso dos ambientes, de manera que ahorre consumo de energía al utilizar dos ambientes diferentes.
Limpie las lámparas y focos, ya que el polvo bloquea la luz que emiten.


En las zonas de paso, como pasillos y corredores, lo recomendable es colocar interruptores al principio y al final de los mismos, o instalar sistemas automáticos de desconexión o apagado.


Apáguelos. Cuando salga de un área o habitación, acuérdese de apagar la luz.


De la factura de electricidad, se estima que 18% son gastos derivados de la iluminación, es decir, de focos encendidos.



¿Cuántas veces dejamos las luces encendidas mientras vamos a otro sitio y pensamos volver en unos minutos? Vamos a proponernos apagar las luces cuando salgamos de las habitaciones y áreas del hogar, porque la electricidad se consume mientras el bombillo está encendido, no en el arranque, como mucha gente cree.


Cuando no se esté utilizando un aparato, hay que apagarlo y no dejarlo en el modo standby, ya que esto también consume electricidad.


La televisión si no la vemos, la apagamos; al igual que aquellos aparatos que tienen transformador (por ejemplo el computador) hay que desenchufarlos de la corriente eléctrica, así como los cargadores de los celulares, que consumen energía mientras estén enchufados.


Definitivamente, en esto del ahorro de consumo eléctrico lo más importante es involucrar a todos los miembros del hogar, porque uno no puede estar todo el día detrás de los muchachos y de los que ya no lo son tanto, desenchufando y apagando equipos eléctricos o pasando a off el suiche de la luz.


Recuerde, por lo menos en la Gran Caracas, todos los usuarios residenciales que consumen más de 500 kilovatios horas (Kw/h) al mes, están obligados a reducir su demanda eléctrica. El hecho de seguir siendo un "alto consumidor" le puede salir caro, pues pagará hasta 200% del valor de la factura. En cambio, si reduce su consumo mensual será premiado con descuentos.


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